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Estudio de la iglesia y convento de San Vicente de Paúl, de la Finca La Alfranca

    La Iglesia y el Convento de San Vicente de Paúl · La Alfranca Historia, arquitectura, religiosidad y función espiritual (siglos XV–XX)

    1. Introducción: un espacio religioso en transformación continua

    La Alfranca constituye uno de los paisajes históricos más singulares del valle medio del Ebro. Su devenir religioso —desde la primera iglesia medieval destruida por una riada en 1427 hasta el convento neogótico del siglo XIX— refleja la evolución espiritual, social y arquitectónica de la huerta zaragozana. Este estudio curatorial reconstruye la trayectoria completa del espacio, integrando:

    • la iglesia medieval y moderna,
    • la capilla señorial de los Ayerbe,
    • el convento neogótico de los Paúles,
    • la curia y la religiosidad vinculada al lugar,
    • la vida espiritual y misional,
    • el aprovechamiento del antiguo convento para viviendas y escuelas de los colonos
    • y el patrimonio técnico, como el reloj documentado por Fernando Fernández Salinas.

    2. La iglesia medieval (siglo XV): destrucción y reconstrucción

    2.1. Año 1427 — La gran riada del Ebro

    La primera referencia documental a la iglesia de La Alfranca aparece en 1427. Según Encarnación Marín Padilla: “El río Ebro fixo la grant crexida que derrivó todas las casas del lugar de Alfranca con la iglesia ensemble…”1


    1 En francés medieval, ensemble significa “junto con”, “al mismo tiempo que”, “en compañía de”. En el contexto de la frase: “…derrivó todas las casas del lugar de Alfranca con la iglesia ensemble…”. La traducción correcta es: “junto con la iglesia” o “al mismo tiempo que la iglesia”. Es decir, la riada destruyó las casas y también la iglesia, en un mismo acto.

    La finca tiene Casa, Torre e Iglesia con campanario y dos campanas. Propietarios: familias Gurrea–Caballería–Agustín (judeoconversos).

    Entre 1427 y 1453 se reconstruyó una iglesia cristiana, probablemente gótico-mudéjar rural, acorde con la arquitectura de la ribera del Ebro.

    La Alfranca fue lugar del arzobispo de Zaragoza, bajo la jurisdicción de Alonso de Argüello1, y contaba con un templo cristiano plenamente integrado en la estructura eclesiástica aragonesa.

    1 Alfonso o Alonso de Argüello fue arzobispo de Zaragoza entre 1419 y 1429

    2.2. Reconstrucción y consolidación (1453)

    Tras la riada, el conjunto se reconstruyó. En 1453, La Alfranca aparece como:

    • Casa señorial,
    • Torre independiente,
    • Iglesia con campanario y dos campanas,
    • Explotación ganadera y agrícola,
    • Propiedad de las familias Gurrea–Caballería–Agustín, judeoconversas de gran influencia.

    2.2. Reconstrucción y consolidación (1453)

    Tras la riada, el conjunto se reconstruyó. En 1453, La Alfranca aparece como:

    • Casa señorial,
    • Torre independiente,
    • Iglesia con campanario y dos campanas,
    • Explotación ganadera y agrícola,
    • Propiedad de las familias Gurrea–Caballería–Agustín, judeoconversas de gran influencia.

    La iglesia formaba parte de un sistema de producción y administración rural, con criados, ministros y personal adscrito a la finca.

    3. La iglesia moderna (siglos XVI–XVII): litigios, propiedad y reformas

    3.1. Siglo XVI: disputas y consolidación territorial

    Entre 1500 y 1525, la iglesia aparece mencionada en litigios entre Agustín, Gurrea y Cerdán. En 1524–1525, Gonzalvo Cerdán vende tierras a Francisco Agustín, confirmando la continuidad de la finca como unidad económica y religiosa.

    3.2. Siglo XVII: la iglesia como parte de la dehesa señorial

    En 1602, la finca aparece vinculada a la familia Ximénez de Murillo y posteriormente a los Suelves. En 1677, doña Ana de Suelves vende al regidor del Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, y caballero de la Orden de Santiago, don Juan Antonio Liñán: “la Torre de Alfranca, iglesia, pajares, paridera…”1. La iglesia es ya un elemento estructural del conjunto arquitectónico.

    3 .3. 1686 — Reformas arquitectónicas documentadas

    Don Juan Liñán rehabilita la casa, la iglesia y otras construcciones de la finca que en ese momento comienza una época de prosperidad económica. Es en esta época cuando la hacienda se convierte, al mismo tiempo que una propiedad agropecuaria, en una finca de recreo, construyéndose los primeros jardines.

    Los maestros de obras Juan de Elizalde, Diego Sánchez y Silvestre Caparroso intervienen en la Casa, la Iglesia y otras construcciones de La Alfranca.

    Estas obras consolidan un templo de tradición barroca rural, acorde con la arquitectura de la ribera del Ebro


    4. La iglesia señorial (siglo XVIII): capilla y panteón de los Ayerbe

    Ilustración 1Pedro Vicente Jordán de Urríes (1743-1799) a Alfranca entra a formar parte del patrimonio conyugal del marquesado de Ayerbe, tras el enlace matrimonial, en torno a 1768–1770, entre Pedro Vicente Jordán de Urriés y Pignatelli (1743-1799), II Marqués de Ayerbe, con María Ramona Fuembuena y Montserrat, III marquesa de Lierta.

    Pedro Vicente Jordán de Urríes y Pignatelli, II Marqués de Ayerbe (1770-1810). ste ilustrado y economista reside y muere en La Alfranca el 8 de septiembre de 1799. Su esposa fue María Ramona Fuembuena y Montserrat, III marquesa de Lierta (1745–1750 y fallecimiento posterior a 1799). La iglesia en esos momentos funciona como capilla familiar y temporalmente como panteón. Su hijo fue Pedro Jordán de Urríes (1770–1810), III Marqués de Ayerbe.


    4.2. 1815 — Traslado de lápidas y catafalco

    Según las Memorias del Marqués de Ayerbe (1893): “Las lápidas y el catafalco –del funeral del II Marqués de Ayerbe- se conservan hoy como recuerdo en el convento de PP. Paules de la Torre de Alfranca…”

    Esto confirma que la iglesia anterior existía antes del convento y que albergó elementos funerarios.

    5. Siglos XIX–XX: riadas, abandono y colonización

    5.1. Riada de 1831

    El Correo (Madrid) documenta: “Los sotos de Alfranca… los cubrió el río… hasta media vara de altura.” La vulnerabilidad del lugar ante las crecidas del Ebro es constante.

    6. El convento neogótico (1884–1885): arquitectura, misión y vida espiritual

    6.1. Construcción del convento

    En 1884, los Marqueses de Ayerbe construyen el Convento para acoger a la Congregación de Padres Paúles, de nueva, de ladrillo, estilo neogótico ecléctico, concebido como ayuda espiritual de nobles y colonos, hasta 1897 es abandonado debido al progresivo abandono de la propiedad.

    En 1884 se construye el Convento para acoger a la Congregación de Padres Paúles para la ayuda espiritual de colonos hasta que en 1897 lo abandonan dada las precarias condiciones en las que se encontraba.

    • dar auxilio espiritual y formación religiosa a colonos, trabajadores y sus familiares,
    • ejercicios espirituales,
    • misiones, que abarcaron una zona de influencia superior a la de la propia finca La Alfranca,
    • formación moral,
    • vida religiosa de los Paúles.

    La iglesia del convento presenta:

    • planta de cruz latina,
    • cabecera poligonal,
    • dos torres flanqueando la fachada,
    • diseño funcional y austero.

    6.2. La comunidad de los Paúles (1885–1897)

    Los Paúles establecen una intensa actividad espiritual:

    • misiones en Montañana, Pastriz y la huerta,
    • ejercicios espirituales,
    • culto diario,
    • solemnidades litúrgicas,
    • predicación.
    • Superiores documentados: El primer hermano vinculado a la fundación del convento y Casa‑Misión de San Vicente de Paúl en La Alfranca fue el Hermano Antonio María Forja. Junto a él, la primera comunidad la formaron: P. Juan Casado, P. Mariano Cascos y Sánchez, Hno. Antonio María Forja, Hno. José Arias, y Juan Casado (1885), Mariano Garcés (1886), Jerónimo Groso (1894), Dionisio Barona (1896).

    La iglesia se convierte en un centro de vida religiosa y pastoral.

    6.3. Abandono del convento

    En 1896–1897, los Paúles abandonan la finca por:

    • precariedad económica,
    • condiciones sanitarias,
    • declive de la colonia agrícola.

    7. 1898 — Venta de los bienes litúrgicos

    En 1898, el marqués Juan Nepomuceno Jordán de Urríes Méndez de Vigo vende:

    todos los bienes muebles destinados al culto de la iglesia del convento y del oratorio del palacio, al párroco Baltasar Blanco y Villalta, párroco de la Iglesia Ntra. Sra. De Altabás, por cinco mil pesetas.

    Este acto marca el fin del uso religioso del conjunto y su desmantelamiento litúrgico.

    8. El reloj del convento: patrimonio técnico y documental

    Patrimonio técnico documentado por Fernando Fernández Salinas

    8.1. Documentación de Fernando Fernández Salinas

    A falta de las dos campanas desaparecidas, se toma registro en el Inventario de Campanas de Aragón (Ref. 5626), por Fernando Fernández Salinas que documenta el reloj del convento:

    “Muestra del reloj: ‘I. MANCLUS / VALENCIA’” (03/05/2013)

    El reloj es una pieza de relojería monumental valenciana, fabricada por I. Manclús, taller histórico especializado en:

    • relojes de torre,
    • mecanismos de campanas,
    • maquinaria monumental.

    8.2. Función del reloj en la vida conventual

    El reloj regulaba:

    • los horarios de oración,
    • los ejercicios espirituales,
    • la vida comunitaria,
    • la disciplina temporal de la casa-misión.

    Su presencia refuerza la dimensión organizativa y espiritual del convento.

    9.Finales del siglo XIX

    La finca, propiedad en esos momentos es hipotecada y vendida. Los edificios se redistribuyen para viviendas y servicios, perdiendo su memoria original.

    1929 — Venta definitiva: El VII Marqués de Ayerbe, Jacobo Jordán de Urríes, vende la finca. El administrador Alberto Dopazo se queda con ella.

    1952 — La finca es adquirida por el I.N.C. (Instituto Nacional de Colonización) instaló en la finca (600 ha un proyecto experimental que sirvió como campo de pruebas para la modernización agraria y la mecanización. Posteriormente, ya con el IRYDA, fue sede para demostraciones de maquinaria, etc. de la Feria Internacional de Maquinaria Agrícola (FIMA).

    Tras la marcha de los Padres Paúles, hacia las primeras décadas del siglo XX, el edificio perdió su función religiosa y pasó a integrarse plenamente en la explotación agrícola de la finca. Las celdas individuales, pequeñas estancias austeras destinadas originalmente a los hermanos misioneros, fueron reacondicionadas como viviendas para los colonos y trabajadores agrícolas que mantenían la producción del conjunto.

    Razones del cambio.

    Se desamortizó parcialmente y se secularizó el espacio conventual.

    Reorganización de la finca bajo gestión privada, con necesidad de alojar mano de obra estable.

    Adaptación funcional: las celdas ofrecían estructura modular y ventilación suficiente para uso doméstico.

    Huella arquitectónica

    Aún pueden reconocerse en el edificio: los muros interiores compartimentados,las ventanas alineadas de las antiguas celdas y los patios comunes que servían como zonas de reunión o trabajo.

    Este proceso convirtió el antiguo convento en una especie de “barrio agrícola interno”, conservando parte de su trazado original pero con un uso completamente distinto.


    La parte trasera del convento habilitada para viviendas e incluso con cochiqueras


    El coro de la iglesia transformado y usado como espacio educativo

    El coro convertido en escuela

    Además de su función litúrgica, la iglesia del convento cumplió un papel social y educativo: en el coro de la iglesia se habilitó una escuela para los hijos de los trabajadores y colonos de La Alfranca. En el B.O.E. 169 de 28 de mayo de 1953 se publica la Orden por la que se crean para el Instituto Nacional de Colonización, las Escuelas Nacionales de Enseñanza Primaria de «Orientación Agrícola», con destino a las localidades que se citan. Una escuela Mixta en La Alfranca, servida por maestra del término municipal de La Puebla de Alfindén».

    Este nuevo uso revela una nueva dimensión comunitaria de un espacio que había sido religioso, la preocupación por la alfabetización y la formación básica, también en agricultura, la continuidad entre la vida espiritual y la vida cotidiana e incluso el papel desarrollado en el convento como centro de cohesión.

    10.1. Declaración patrimonial

    Estado del edificio del Convento, antes de la restauración realizada por el Gobierno de Aragón:

    El conjunto de La Alfranca -que incluye el palacio, el convento y la finca histórica- fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento mediante el Decreto 49/2001, de 27 de febrero, del Gobierno de Aragón.

    Publicación oficial: El decreto se publicó en el Boletín Oficial de Aragón (BOA nº 27, de 5 de marzo de 2001). En él se describe el valor histórico, arquitectónico y paisajístico del conjunto, destacando la importancia del


    10.2. Restauración integral


    Estado de destrucción del conjunto arquitectónico de La Alfranca, Estado de destrucción de la escalera del convento y del coro de la iglesia, anterior a 2008
    del coro de la iglesia, anterior a 2008

    En 1982, el conjunto es declarado Monumento Histórico-Artístico.

    En 2008, el Gobierno de Aragón rehabilita el conjunto como:

    • Centro de Interpretación del Medio Ambiente de Aragón,
    • Centro de exposiciones,
    • Salón de actos,
    • espacio de divulgación científica y naturalista.

    11. Conclusión curatorial

    La iglesia y el convento de La Alfranca constituyen un caso excepcional de continuidad y transformación religiosa en Aragón. Su historia combina:

    • una iglesia medieval destruida por riadas,
    • reconstrucciones barrocas,
    • una capilla señorial ilustrada,
    • un convento neogótico misional,
    • la vida espiritual de los Paúles,
    • la venta y desmantelamiento litúrgico,
    • la colonización agrícola,
    • y la restauración contemporánea.
    El reloj Manclús
    Patrimonio técnico documentado por Fernando Fernández Salinas

    Ante la desaparición de las dos campanas del convento, el reloj Monclús permanece. Está referenciado en el Inventario de Campanas de Aragón (Ref. 5626:

    “Muestra del reloj: ‘I. MANCLUS / VALENCIA’” (03/05/2013)

    El reloj, fabricado por I. Manclús, taller histórico de relojería monumental, regulaba:

    • los horarios de oración,
    • la vida comunitaria,
    • los ejercicios espirituales,
    • y la disciplina temporal del convento.

    Es un elemento clave para comprender la organización espiritual y funcional del edificio y añade una dimensión técnica que refuerza la lectura del conjunto como espacio organizado, disciplinado y profundamente espiritual.

    La Alfranca es, en su esencia, un lugar que ha sabido resistir, transformarse y renacer, manteniendo viva la memoria de su arquitectura, su religiosidad y su función histórica en la huerta de Zaragoza.